
Rebuscando en nuestros archivos encontramos algunos datos curiosos que tenía Guareña allá en el siglo XVIII. Para ponernos en situación, enumeramos a qué se dedicaban nuestros paisanos en aquél entonces. Existían 19 vecinos nobles, 152 labradores, 56 ganaderos (tanto mayorales como zagales), 9 pobres de solemnidad, 2 tenderos, un guarda de montes, un médico titular, 2 boticarios sin salario, 8 harineros, 6 barberos y sangradores, 2 pescadores, 8 zapateros (los maestros cobraban 5 reales al día, mientras que los oficiales dos reales y medio), un regidor de reloj, 3 herradores, 2 sastres, 20 hombres voluntarios de Aragón para persecución de contrabandistas y malhechores, 4 carpinteros, 2 abogados, 11 cofradías, 63 capellanes, 4 dependientes de la Inquisición, un administrador de tabaco, y 2 sacristanes.
Los oficios públicos los pagaba la villa de 500 ducados por razón de alimentos, así al que regía el reloj 170 reales, al maestro de niños 200 reales, a la comadre 100 reales, etc.
Por este siglo había en Guareña 510 casas, destacando la del Ayuntamiento, reedificada con su cárcel, no estando perfeccionados sus altos, y con las calles de la localidad en necesidad de empedrarse, que todas andan de tierra y piedras, pero están limpias, llanas y de una anchura regular.
Algunas de las infrestructuras más destacadas son: Molinos harineros, hay varios en el arroyo La Cuesta de corta producción que sólo muelen cuando por abundancia de agua tienen que estar parados otros de don Pedro Campos y el de la Isla de Cordero; tres tahonas en la calle Malfeitos y en la calle Cementerio; una taberna de vino y aguardiente; un abasto de aceite y otro de jabón; una carnicería; dos mesones en calle Hornillos y el otro en calle Derecha; dos tiendas al por menor en Estacada y Grande; un hospital llamado de las Cinco Llagas, para pobres enfermos cuyo patrono era el Obispo; un colegio en el que hay 6 mujeres que se mentienen de su trabajo y dos fanegas de tierra, llamado Nª Sª de la Encarnación o colegio de las Recogidas, fundando por el Obispo en 1736, donde sólo se recibían mujeres de virtud; no hay cementerio, siendo necesario construirlo y siendo buen sitio contiguo a la iglesia en la parte norte; cuatro posadas; una gran iglesia Nª Sª de la Asunción de vistas largas desde toda la comarca; cuatro ermitas sin ermitaño, al cuidado de los cofrades, Santos Mártires San Fabián y San Sebastián en la zona del mediodía, San Roque en la del levante, San Ginés al norte y la de San Gregorio en el pueblo; una escuela de niños y un estudio de gramática; no se conocen ferias ni mercados; no hay fábrica alguna; no hay seminario ni biblioteca pública; no hay molinos de aceite; y no hay puentes.
Esto es todo cuanto se describe de la villa de Guareña en el siglo XVIII.